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miércoles, 23 de marzo de 2011

Camino de Santiago- Highligths: San Tirso de Sahagún, el centro del camino

Para los que vivimos fuera del lugar en el que nacimos, el camino a la tierruca de cada uno, generalmente de ida y vuelva en agosto –las obligaciones laborales pesan-, incorpora, con el paso de los años, varios símbolos. En mi caso el camino de Barcelona a León tenía varios, aunque ninguno con la notoriedad de los campanarios mudéjares de Sahagún, aquellos que anunciaban que estábamos en terreno leonés, que llegábamos a casa. Desde el tren, en su fugaz paso, siempre llamaba mi atención aquellas quebradas estampas de color teja cuyo matiz con el limpio y azul cielo despertaba mi conciencia sobre la importancia de lo que aquí trascendió.
De Fromista y Carrión de los Condes, arranca el tramo más sencillo del camino. Los ocres de Tierra de Campos hacen polvorienta la senda. Polvorienta, plana y seca. El viento puede ser el peor compañero. En la lontananza una línea recta rota por los profusos depósitos de agua elevados más alguna arboleda hasta el acceso a Sahagún.
La primera gran atracción leonesa del camino es población se simples rasgos, adobe en sus paredes y calma chicha en sus gentes. En su entramado jacobeo se destacan varios templos, algunos reclaman atención por la dejadez que adolecen. Su fábrica en ladrillo les hizo acreedores de un cuidado que muchas veces no se les dio y que ha derivado en la amenaza de ruina.
No es el caso de la joya de Sahagún, San Tirso, la elegante y esbelta iglesia mudéjar que da carácter como ninguna a la población. Una limpieza de líneas emerge. Su fábrica es de época románica, combinando a la perfección trazas mudéjares, soñadas por los alarifes de la tierra cristina, con las proporciones humanas que describe su puro románico. Estamos posiblemente ante el monumento más importante del estilo más puramente español , el mudéjar, aunque no el único de esta época en Sahagún donde La Peregrina, San Lorenzo y otras compiten en cuota.
El campanario es su seña de identidad, prisma horadado en tres alturas por arcada de medio punto: repetitivo enjambre de columnas marmóreas haciéndose querer en el aparejo de ladrillo. Aquí costaba mucho encontrar una cantera en condiciones si bien en sus inicios debiera haberla, aunque quizá lejana, pues la base de su ábside, en recia piedra, así lo delata. Desde aquí queda la mitad del camino, sencillo y ventoso en un primer momento. Duro a partir de Astorga, y penoso en el diente de sierra gallego. 

lunes, 31 de enero de 2011

Camino de Santiago- Highligths: San Martín de Frómista, la iglesia que todos quisiéramos tener en casa

La acequiada Frómista. Reducto urbano en la inmensidad ocre de la Tierra de Campos Palentina. Terreno de nadie. Transición hacia la septentrional montaña, altiplano castellano. Confines de cereal, palomares. Encefalograma plano por paisaje. Zona travesada por el Canal de Castilla, flecha de la ilustración sobre la ruta Jacobea. Frómista esconde una de las joyas del Camino, Sant Martín. Un llavero de iglesia, que nos llevaríamos a casa como cualquiera de los manjares de la zona para uso y disfrute exclusivo de nuestros sentidos. Deleite para el buen gusto.
San Martín de Frómista cumple todos aquellos cánones que hacen del románico mi estilo predilecto. Esbeltez, elegancia de lo austero, sencillez en la forma aunque no en fondo. Aparejo perfecto, quizá excesivamente retocada, si bien luce preciosa. Es el reflejo de una época de recogimiento, de introspección. Cargada de detalles, de simbolismo. Un libro en piedra desnudado de todo aparejo posterior, bien fuera barroco, bien neoclásico, para evidenciar cuán bonito pudo ser este estilo en su época de esplendor.
Sus impostas guardan los mejores ajedrezados de la ruta hacia Santiago. Sus canecillos despiertan nuestra intelecto. Imaginario fantástico como pocos. Monstruitos boquiabiertos, burlescos, desafiantes, pero a quién, ¿al peregrino,  al lugareño, a los malos espíritus?. Incógnitas pétreas camino del milenio de vida. A los pies dos torrecillas circulares, al modo alemán dicen los manuales. Estéticamente preciosas. Como remate, el más original de cuantos encontramos en el románico.
Atravesar el umbral de su puerta sur es adentrarse en el mundo miniado de la Edad Media. Proporciones perfectas, escala humana, espacio diáfano entrelazado con bella columnata de inmejorables capiteles. Merece la pena ver uno a uno. Historia medieval, libros hacia la muchedumbre analfabeta. Esas fueron las gacetillas de un tiempo de miseria y oscuridad. Eso es lo más reconocible que la madre Iglesia podía hacer entender a sus fieles. Hacer entender con imágenes, sin letra de por medio, ¿hablamos de Edad Media o siglo XXI?.
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Túnez, Egipto, ... cual serpentín. Estamos ante un cambio cierto o maquillaje y artificio??? La historia nos dice que lo segundo se ha impuesto a lo primero.
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Este blog surge del de Joan Seguidor. Mezclar es malo se dice. Allí ciclismo, aquí paranoias más mundanas.